El pasado 8 de marzo se celebró como cada año el día internacional de la mujer. Aunque este año, a causa de la pandemia, no se ha podido celebrar saliendo a las calles con pancartas y miles de personas, la reivindicación no se ha paralizado, se ha adaptado a la situación, se ha hecho de manera virtual, con manifestaciones más reducidas.
Se conoce que la revolución francesa supuso un avance para la mujer, ya que tomó el papel de reivindicadora de la lucha de clases. Y es a partir del siglo XIX empiezan a aparecer movimientos sufragistas defendiendo los derechos de la mujer trabajadora.
El origen del 8 de marzo se sitúa en 1857, en el momento que las trabajadoras del textil en Nueva York, se revelan y marchan había los barrios acomodados para exigir mejoras en la jornada laboral y el fin del trabajo infantil. A raíz de este suceso, el movimiento se fue extendiendo por muchas industrias, e incluso países alrededor del mundo, reivindicando la reducción de la jornada laboral, la subida de salarios...
La ONU decretó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, dejando atrás el término "Trabajadora", para liberar el valor revolucionario originario. Es cierto que a día de hoy, gracias a todas esas mujeres que a lo largo de la historia han luchado con inmenso esfuerzo, fuerza e ímpetu y a las presentes, hemos conseguido grandes avances importantes, pero todavía queda un gran y camino. Ya que seguimos estando subordinadas y oprimidas en muchos aspectos. Por lo tanto la celebración del 8 de marzo, tiene que seguir siendo el altavoz que nos dé voz y fuerza para seguir nuestra lucha para empoderarnos y conseguir la total igualdad de sexos.


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